La educación no es mera instrucción o capacitación; es "un proceso de comunicación y asimilación sistemática y crítica de la cultura, para la formación integral de la persona humana." Por ello, la educación no se reduce a "transmitir e interiorizar pasivamente los contenidos culturales, sino que es necesario comunicarlos en forma sistemática y asimilarlos críticamente, para que el educando los reconstruya y se los apropie de manera inteligente y creativa."
El propósito de la educación es la formación de la persona humana "en orden a su fin último y al bien de las sociedades de las que el hombre es miembro y en cuyas responsabilidades participará cuando llegue a ser adulto".
Cuando la educación se inspira y fundamenta en la antropología cristiana, debe contemplar la vertiente individual y social de la persona humana. En lo individual ha de poseer una visión humanista, una actitud creativa, una propuesta liberadora, un sano sentido crítico y conciencia de su relevancia como factor de evangelización.
En lo social, la educación de inspiración cristiana debe fomentar la participación, el diálogo, la inculturación, el cambio social, la inserción familiar y el cuidado del medio ambiente.
Por ello, la dimensión social de la persona, en todas sus variadas manifestaciones, requiere de un proceso educativo que le permita desplegarse de un modo auténticamente humano y del cual no se debe de evadir.
Conferencia del Episcopado Mexicano Carta Pastoral "DEL ENCUENTRO CON JESUCRISTO A LA SOLIDARIDAD CON TODOS"

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